
Una noche tranquila. Cafetito, música suave y vistazo al correo. Y salta la alarma: una amiga me reenvía un aviso electrónico sobre un “devastador virus” que llega disfrazado de invitación de Hi5. Me tiemblan las piernas, se me cae el café de las manos y una lágrima de terror nervioso me resbala por la mejilla. Creo… creo que me he hecho caquita. El texto, que por cierto venía convenientemente redactado en colores chillones y con la letra más gorda que mi puño, es como sigue:
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