El triunfo del hombre común

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Todavía en shock tras el programa de Jordi Évole sobre el accidente del metro de Valencia, no puedo evitar sentarme, calzarme las babuchas de escribir y gestar de algún modo una válvula de escape al torrente de sentimientos que ha liberado esta escalofriante obra de arte.

En un solo programa, Évole y el equipo completo de Salvados han dado a este país y a este mundo maldito una sencilla y a la vez devastadora lección de periodismo y de humanidad. Una hora de entrevistas a familias de víctimas, responsables y políticos que han perfilado poco a poco, línea a línea, la aterradora realidad que habitamos nosotros los que nos llamamos “gente común”.

Reconozco además que lo primero que he sentido ha sido una profunda culpabilidad. Porque hasta esta semana no he vuelto a recordar este capítulo tormentoso de nuestra historia reciente: con más de cuarenta muertos y otros tantos heridos graves fue el mayor accidente de metro de la historia del país, el tercero de Europa. Y sin embargo, apenas hubiera sido capaz de dar detalles o recordar exactamente lo que ocurrió.

De hecho, no hace ni dos días que salió el tema en una animada conversación calentada de cerveza y gin-tonics, en donde se delató, como casi siempre, ese gangrenoso monstruo personal que todos llevamos dentro y que asoma por la boca cuando alguien nos enfrenta a nuestros propios errores. Ese perro rabioso que es nuestro terror a equivocarnos y que ataca cuando se ve acorralado.

Ese mismo monstruo que, cuando en su día comenzaron las preguntas tras el accidente, agachó las orejas de los que balbuceaban como loros las respuestas que otros les susurraban cínicamente al oído, con ese pestilente aliento que transpiran por entre las encías los que se dicen poderosos.

Todavía no puedo quitarme del alma la vergüenza de ver al mismo señor President de les Corts Valencianes apretando sus propios dientes y repitiendo a Évole una y otra vez, con la sonrisa congelada, las palabras “no quiero responderle”. De ver cómo se tambalea su complaciente compostura cuando la gente de alrededor empieza a exigirle respuestas y, con los colmillos afilados, girarse de repente a preguntarle a una mujer directamente “usted de dónde es”. Yo mismo me hubiera visto presa de esa miserable punzada de terror que sólo los caciques saben provocar en el corazón de la vida de otro cuando lo miran a los ojos y le preguntan su nombre. Pues esta vez no. Como un resorte le golpea la respuesta: “yo soy de Albacete pero vivo aquí muchos años y quiero que responda a las preguntas”. Y la maldición se rompe. El monstruo se desmorona torpemente, los colmillos se caen al suelo con un cómico tintineo y la sonrisa del President intenta de nuevo parecer vagamente humana porque los monstruos, queridos niños, se alimentan de nuestro miedo. Y si no hay miedo, simplemente no hay monstruo.

Y es por eso que mi admirado Jordi Évole es un hombre peligroso. Normal, pero peligroso. Porque está deshaciendo el miedo como el que se limpia una boñiga de las zapatillas: con una sonrisa golfa. A lo largo del programa de hoy no me quitaba la telilla de pensar “menudos fangos está removiendo hoy el Follonero, de esta igual le parten la cara”. Sí, lo reconozco y lo escribo como me ha venido. Y no es bonito, no. Pues la cosa se pone peor: me he descubierto imaginando que los valencianos, al enterarnos, íbamos murmurando esa coletilla de miseria cobarde que se escucha a cada minuto en los bares: “el tío se lo estaba buscando”.

Porque nosotros todavía tenemos miedo. Y el miedo nos hace miserables. Si no lo tuviéramos, esos no estarían ahí arriba. Si no lo tuviéramos, las calles se llenarían aún más de hombres, mujeres, niños, ancianos… y maestros y enfermeros y médicos y funcionarios y policías y empleados de banca e incluso políticos indignados. Porque no tendríamos miedo, miedo a esas consecuencias que nos podrían esperar bajo la cama. Porque estaríamos dispuestos a trabajar para que, un día, esas consecuencias ya no existan. Porque no tendríamos miedo. Simple y llanamente.

Me vienen ahora a la mente algunas advertencias surgidas a veces por parte de gente cercana, esas que te dicen por lo bajo que cuidado con lo que publicas en internet porque puede tener consecuencias. Es curioso que, casi dos horas y media después del programa, en mi muro de facebook el único comentario que he visto sobre el tema viene de una amiga de Argentina, a varios miles de kilómetros. No voy a pensar mal, pero se diría que por aquí la gente prefiere no hablar de un tema tan espinoso. Y lo es porque en más de un sentido nos pilló cerca. Por cierto, en este caso “espinoso” quiere decir que cuidado con lo que publicas en internet porque puede tener consecuencias.

Y por eso lanzo un último silbido de admiración: como puntilla final para este deslumbrante despliegue de arte periodístico, Évole y el equipo de Salvados logran zambullirse en el corazón de uno de los más negros capítulos de la reciente historia de nuestra conciencia con la exquisita delicadeza de apenas mencionar a dos de los protagonistas, concretamente los que ya no están. No tengo palabras.

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21 Responses to “El triunfo del hombre común”


  1. 1 Juan 29 abril 2013 en 7:50 am

    Es el triunfo de un hombre común, como bien escribes, y el triunfo del sentido común. Supongo que esto es lo que hace triunfar a un programa como Salvados. Con un panorama televisivo tan desolador, es de agradecer que Jordi Évole ofrezca un programa de denuncia interesante, ágil y con mucha sensatez. No es necesario que nadie se tire desde un trampolín para tener audiencia, si se hace buen periodismo.

  2. 3 Víctor 29 abril 2013 en 8:25 pm

    Sí, tienes palabras y muy buenas.

  3. 5 juan 30 abril 2013 en 8:28 am

    Nada más por el hecho de ver a Cotino totalmente desarmado y desprotegido como un conejito rodeado por perros de caza, valió la pena ver el programa. No me imagino cuando salió del lugar lo que pasaría por su cabeza.

  4. 7 raultmt 30 abril 2013 en 8:59 am

    como valenciano siento una mezcla entre rabia y verguenza,el octavo parrafo es aplastante,despertemos de una vez¡¡¡¡
    grande evole¡¡¡ q esto no se kede asi¡

  5. 9 Paco Polo 30 abril 2013 en 5:16 pm

    Pues si algún dia juzgaran a Cotino,aún irían cientos de personas a arroparle a la puerta de los juzgados ya insultar a quienes solo pidan justicia.

  6. 11 Natalia Fdez Ramos 1 mayo 2013 en 12:06 am

    Qué vergüenza! Dicen que tenemos los políticos que merecemos por el hecho de que la mayoría les ha votado pero eso no les legitima a silenciar una catástrofe tan grave que se podía haber evitado. Tenemos en Valencia grandes infraestructuras vacías, en cambio nos jugamos la vida en el metro.
    Afortunadamente mi facebook sí se llenó de comentarios sobre este programa pero no es suficiente, tenemos que luchar para que se haga justicia.

  7. 13 Carmen Torrent 2 mayo 2013 en 10:29 am

    Solo una puntualización. Realmente lo que hemos hecho la mayoría es no votarles, pero eso sí, ellos han sacado una mayoría de votos, que no es lo mismo. En el 2011 hubo más de un millon de abstenciones, votos en blanco o nulos, votaron casi dos millones y medio de valencianos de los cuales 1.2 millones de votos fueron al pp. La mayoría de los valencianos NO los queremos. Salgamos y hagamos que Valencia se despierte de esta pesadilla de una vez.

    Por otro lado, después de ver como hay quien se llama a sí mismo “periodista” mientras dirige el micro a una pantalla de plasma, es una delicia ver que hay aún periodistas y medios que permiten que este periodismo, el real, se pueda seguir haciendo en este país.

  8. 15 Ayrton Senna 2 mayo 2013 en 11:57 am

    Grande el artículo y grande el programa de Salvados. Es cierto, esta gentuza que se hacen llamar políticos, quieren imponernos el miedo para que estemos como borregos, sin levantar la palabra para quejarnos.

    Y ya es hora que más gente nos levantemos del sillón para exigirles directamente a la cara a esta gentuza que nos expliquen qué soluciones tienen para salir del pozo en el que nos han metido. Y cómo me temo, no son capaces de dar alguna positiva, tendremos que seguir saliendo a las calles a protestar.

    Espero que para las próximas elecciones, una gran mayoría de la población se de cuenta que votar al PP o al PSOE es tirar el voto a la basura.

  9. 17 ALIE 7 mayo 2013 en 5:18 pm

    AYRTON SENNA: ¿ Y a quién votamos… ?

  10. 18 Vicenta COMPANY MÉNDEZ 14 mayo 2013 en 7:18 pm

    En castellano tenemos una palabra: ALIPORI, que significa “Sentir vergüenza ajena”. La expresión es intraducible al alemán. He leído el artículo con retraso y no vi el programa porque estaba de vacaciones en el monte, pero 4 meses antes del “accidente” nuevos empleados del metro sentían terror e incluso se planteaban renunciar al puesto de trabajo si les tocaba la línea 1.

  11. 20 PEP 15 mayo 2013 en 10:00 pm

    SOLO PIDO QUE EN LAS PRÓXIMAS ELECCIONES, SI LLEGAN…, LOS VOTANTES PIENSEN MAS EN EL FUTURO DE SUS HIJOS QUE EN EL DE LA CORRUPTA CLASE POLÍTICA QUE HAN VOTADO UNA Y OTRA VEZ,
    CUAL SI DE ZOOMBIES SE TRATASE.


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