cine, Opinión

Wall·e: la venganza de los clásicos

“Son los dos únicos espíritus libres en un mundo de autómatas. Somos niños sin sentido alguno de la responsabilidad, mientras el resto del mundo se hunde bajo el peso del deber. Somos espiritualmente libres”, Charles Chaplin escribió, respecto a los dos protagonistas de Tiempos Modernos. La genial película de 1936, última aparición cinematográfica de ese universal vagabundo conocido como Charlot o The Tramp, fue además la última gran llamarada de un género que, desde hace casi un siglo, permanece durmiente, como una débil brasa más en la parrilla del cine actual, sobrealimentada de hamburguesas y perritos calientes.

El idioma universal de la pantomima se había extendido hasta entonces sin barreras a lo largo y ancho del mundo conocido (y seguro que del otro también). Charles Chaplin, Buster Keaton o Harold Lloyd repartían risas y aplausos a una cantidad tan monstruosa de gente que la llegada del cine sonoro provocó en estos artistas un profundo vértigo. Aunque parezca irónico, añadir diálogos a sus películas limitaba sus posibilidades (al menos geográficamente…). Pocos sobrevivieron al cambio. Los que tuvieron suerte, acabaron como uno más entre  la montaña de nuevas de estrellas que surgiría, perdiendo sin remedio la esencia que los hizo grandes.

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cine, Opinión

El héroe cabreao

No me toques los winflos...

No me toques los winflos...

El terrorista, de nombre y procedencia impronunciables, suelta una carcajada malévola y la chica, de nombre y procedencia mucho más cómodos y familiares agacha la cabeza, temerosilla. Un hilo de sangre escapa de la comisura de sus labios. El villano muestra en su risa ese toque de locura inhumana, esa mirada de serpiente mitológica que lo convierte en cosa y  que hará que al final, cuando salte por los aires en mil pedazos (o en dos mil, depende del presupuesto), nos inunde una sensación de cálido alivio, como al triunfar en el váter (más información sobre esto en “La Publicidad…“).

Cachis la mar, ya ha vuelto a perder el Betis...

Y llega el momento. El clímax, la ensalada de tortas. El Héroe entra en la estancia con gesto duro. Está cansado, sudoroso, y sobre todo muy cabreao.

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